lunes 27 de diciembre de 2010

El mensaje navideño del rey


Como es costumbre cada Nochebuena, el rey aparca los coches de ensueño, atraca y amarra los yates, deja su avión en el hangar, y se sienta en una silla claustrofóbica que sólo le permite mover el cuello lo suficiente como para hablar hacia una u otra cámara; con un belén, un árbol de navidad, una foto y una bandera de fondo. Con voz neutra nos lee lo que le va apareciendo por el teleprompter: su mensaje de Navidad.

Al día siguiente, mientras la cena de Nochebuena todavía está haciendo su recorrido por el tracto intestinal, todos alaban al rey, por el discurso, y al mismo tiempo, cada uno tiene una diferente interpretación de sus palabras. En cuanto a las felicitaciones, hay que distinguir entre el guionista (el que redacta el discurso), y el intérprete (el rey). Se debería felicitar o reprochar al guionista, pero no al intérprete, pues cada año hace la misma interpretación, carente de énfasis y sentimiento. En cuanto a las interpretaciones del discurso del guionista, todos quieren hacer suyo el mensaje real… ¿No se darán cuenta de que todos los años es lo mismo? Que si la unión de los europeos, que si la unión de los políticos, que si el cese de las luchas armadas… Me recuerda un poco a los padres novatos con su recién nacido, que cada vez que dice “gu-gu-ta-ta”, uno dice que quiere hacer caquita, otro que tiene hambre, sueño, ganas de que se le cambie el pañal, de ir al parque… Mal discurso es aquel del que no se puede sacar un mensaje claro. En lo sucesivo, y para evitar polémicas, creo que el rey, en vez de leer un discurso, debería leernos un telegrama… Ejemplo: “¡Maldita crisis! STOP. ¡Animo! STOP. ¡ETA, no! STOP. ¡Violencia, no! STOP. Se enfría la cena. STOP. ¡Felices Navidades! STOP.”

Otra cuestión, es que pese a ser un discurso televisado por casi todas las cadenas de TDT, ha tenido menor seguimiento que otros años. Quizás deberían nombrar como jefe de prensa de la Casa Real a Jorge Javier, y a Belén como asesora de imagen. De esa manera se trataría de un mensaje navideño cargado de exclusivas que relanzaría de nuevo la audiencia del rey. O quizás se podría emular a Sara Carbonero y a Iker Casillas; o sea: hacer una ficción en la que Leticia le preguntase al príncipe: “¿Qué le dirías a los españoles que te están viendo?” Y que al final del discurso, el príncipe le diese un beso a la periodista… Seguro que la cuota de audiencia rozaría el 100%.

En cualquier caso, si lo que quería el rey, era alegrarnos la Nochebuena, lo que debería haber hecho, era anunciar su voluntad de cambiar la monarquía parlamentaria, por una república y su intención de donar todos sus bienes y cuentas bancarias y la de su familia a la gente necesitada y/o sin trabajo. Ese día, nuestro rey se convertiría en un Rey Mago… Pero por desgracia la magia no existe, pues son todo efectos ópticos…

¡Felices Navidades! ¡Feliz año! Y sobre todo, gracias por perder unos minutos leyendo mis ocurrencias, mis muy queridos lectores…

2 comentarios:

  1. Mi querido Emi, veo que en esto estamos de acuerdo. Yo no lo puedo ver porque afloraría lo peor de mi misma y el televisor y mis comensales no tienen la culpa. De todos modos cuando el tema monarquía me viene a la mente me acuerdo de un amigo que dice que mejor tener a este y no un presidente de la república que habría que cambiarlo cada cuatro años y aumentaría el número de cesados que cobran de por vida.
    Un saludo y adelante

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  2. viva la república !!!! referendum ya

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