viernes 28 de enero de 2011

¡Qué injusta es la vida!

El día 8 de Febrero se cumplen 150 años de la Ley Hipotecaria, y por ello, en el Colegio de Registradores de Madrid, va a celebrarse un gran acto en el cual, además de alrededor de 500 Registradores, asistirán todo tipo de dignidades del Estado, y cómo no, el Rey.

Supongo que pensareis que este asunto no tiene mayor relevancia, y en cierto modo os cuestionareis el porqué de que os esté contando esto… Pues bien, resulta que justamente esa misma semana es cuando me toca ir al tostadero, es decir, es cuando me toca examinarme… Entiendo que en esta vida todo es muy relativo, y que cada uno de nosotros piensa que aquello que tiene entre manos es lo más difícil del mundo y que le cuesta océanos; pero hablando de mi caso en particular, llevo 5 años leyendo y releyendo los mismos libros, viviendo una vida que no es vida, y con una clausura similar a la de las monjas, todo ello con la esperanza de una vida mejor. Sin embargo, para esta oposición no valen las matemáticas, y tanto el ansiado aprobado, como el temido suspenso dependen de miles de cosas y en ningún caso están asegurados…

Estos últimos meses, sin ser donante de sangre (pues mi grupo sanguíneo para poco vale, ya que soy receptor universal…), me están desangrando, y sólo ciertos vicios, como el tabaco, me recuerdan mi condición humana. En estas, un día, tras dar los temas, estuve charlando con mis preparadoras, y me entero de que justo la semana en la que me toca tragar saliva, el Rey acude a un acto organizado por Registradores… Al oír esta historia, me puse enfermo, ya que un pensamiento fugaz, pero con larga estela cruzó mi mente: “¡Hay que…! ¡Mientras los opositores vamos allí a pasar un mal trago, ese señor va a leer lo que le han escrito y todos tan felices!”

Gracias a dios hemos superado aquellos tiempos en los que nos decían y nos creíamos que los reyes eran dioses en la Tierra. Poco a poco aquel cargo divino se fue convirtiendo en un cargo que se transmitía simplemente por el linaje y he aquí que pasan los siglos y aun se mantienen una de las profesiones más antiguas del mundo: la realeza.

Para llegar a donde pretendo llegar he tenido que pasar antes por muchos aros, unos con más y otros con menos fuego. Sin embargo, este señor está donde está simplemente por haber salido por un “aro”. No hace falta ser guapo, astuto, inteligente, culto, graduado, diplomado, licenciado… basta sólo haber nacido de éste y de aquélla…

Al menos me tranquiliza pensar que si llego a la meta, cuando mire atrás, veré desde aquella cima el abismo que tuve que escalar (sin más ayuda que un piolet, las cuerdas que más de una vez quise anudarme al cuello, el incondicional apoyo de mi consistente núcleo familiar, mi novia y mis preparadores); asimismo podré ver el vacío que me tentó también en bastantes ocasiones; las cosas que he tenido que dejar atrás y las que perdí queriéndolo o sin querer… Sin embargo este señor, cuando mire atrás y vea dónde ha llegado, no verá más que la sala del hospital en la que nació.

Pase lo que pase, y por mucho que pueda quejarme o despotricar, cuando vuelva la vista, veré a otra persona comiendo las cáscaras de los altramuces que voy tirando mientras reflexiono, pues por mucho que me queje, he tenido la oportunidad de ser escalador profesional y he sido un privilegiado, mientras que otros con mejores actitudes y aptitudes, se han quedado en la falda de la montaña con el pesar de saber que podrían haberla escalado, si hubiesen podido conseguir un simple bastón… Sé que soy un privilegiado quejándose de vicio, pero por favor, concededme esa licencia…

1 comentarios:

  1. Concedida la licencia. Quejarse es una de las cosas mas gratificantes del mundo pero hay que ver ante quien nos quejamos.
    Yo limito mis quejas a un número muy reducido de amigos incondicionales y aun con ellos soy comedida. Verás, cuando me preguntan: "¿Que tal en el trabajo?" Suelo contestar: " de maravilla". Si el que me escucha es un amigo , se alegrará y si no lo es, le privo del placer de pensar: "que se J. "
    Un abrazo y suerte.

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