Iba yo en mi coche, de camino a un sitio que carece de relevancia de cara a lo que trato de contar. Paré en un paso de peatones, para dejar pasar a alguien que conozco. Ese alguien me saludó sonriente y como siempre, le devolví el saludo con otra sonrisa. Es precisamente de este alguien, al que llamaremos Manolo, de quien os quiero hablar, pues siempre que me encuentro con él, recuerdo su historia...
Ya desde niños, mis hermanos y yo solíamos ir a su local, pues preparaba las mejores hamburguesas que había probado en mi por aquel entonces corta vida. Nos encantaba estar allí y hablar con él, ya que era y sigue siendo una buenísima persona. ¿Más datos descriptivos? Amable, atento, educado, sonriente, cariñoso… Pero nada de eso te vale si eres un “asqueroso maricón”. Tuvo que ocurrir… mataron a un homosexual, a 60 Kms. de su lugar de residencia, y todo el mundo le implicó en aquello y se ensañaron con él, pese a no tener nada que ver. Gracias a ese ensañamiento gratuito, perdió su clientela, luego su local y finalmente consiguieron marginarle; pues los “maricones”, cuanto más lejos mejor…
Cuando me enteré del asunto, la rabia se apoderó de mi y le eché la culpa al pueblo y a las malas lenguas. Sin embargo, luego comprendí que no hay pueblos buenos, ni pueblos malos… Hay pueblerinos (en sentido absolutamente despectivo), que no tienen más cosas que hacer en el día, que descargar su envidia, su rabia, sus fracasos y su propia miseria atacando a personas a las que ven como blancos fáciles. La vida en el pueblo para estos pueblerinos es muy simple: dormir, comer, beber, ir a misa y destripar después de comulgar…
Hoy en día, Manolo tiene un trabajo digno (como lo son todos), pero que no está a su altura. Puede que te lo encuentres por la calle, o tomando algo en un bar; pero siempre lo verás solo… con la palabra “dolor” escrita en la frente y reflejada en el fondo de sus ojos; como todo aquel que ha sido marcado por los que le rodean y por lo mucho que ha tenido que oír a sus espaldas durante tantos años…
Guardo un gran recuerdo de Manolo, le tengo mucho aprecio, me duele todo lo que le han hecho y estoy “vacunado” contra la homosexualidad; así que cuando le veo, como es natural, le saludo cariñosamente y hablamos un rato. En cuanto a los pueblerinos, siempre trato de escapar de ellos, pues soy alérgico a los cabrones con doble moralina. Ojalá existieran el cielo y el infierno... Y qué suerte tienen muchos de que no sea así…
La próxima vez que vayas a hablar mal de alguien (salvo que se trate de un político o de Rouco Varela), piénsatelo dos veces; pues las malas lenguas y los rumores no confirmados se van exagerando exponencialmente, se difunden más rápido que la pólvora y pueden hundir a una persona…
¡Un abrazo muy grande Manolo!

Manolo es un buen nombre sí,bastante aleatorio!
ResponderSuprimirYa hablaremos del tema,yo tengo exactamente la misma relación que tú y te digo una cosa,es imposible pagarle una consumición,siempre habrá pagado antes(parece ser!!).Yo también se lo veo escrito en la frente.Te dan ganas de que hablarle del tema y decirle que puede contar contigo y lo que significa para ti.Muy triste.
Mi mejor amigo era homosexual; gracias por haberte puesto la vacuna ya que no está en el calendario de vacunaciones obligatorias.
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